A veces lamento llevar tanta melancolía pudriéndome los huesos, ver las cosas tan grises o tan Azules en los momentos incorrectos. A veces, los ¨cristales de bohemia¨ no son tan buenos amuletos, ni las nubes buenos escapes para las ternuras desechables. Ver las cosas en planos cerrados a lo Ingmar Bergman no es lo indicado en todos los instantes. Todos los ojos que veo, desearía que se convirtiesen en Rojos autobuses: ya, esta ¨calle melancolía¨ huele a barrio chino. Cierro este desvarío, para no abusar. Así, dedico este poema a Nathalie De Andrade, solo por si acaso se equivoca la suerte y le toco los sueños a la niña más linda de Caracas.
No existe tanto en el mundo para quererte
no hay voz ni tinta ni claveles.
Para ti faltan versos y poetas
Para ti faltan soles y cometas.
Te adoro en el silencio más precavido
por necio, sordo y necio
me falta pecho para llevarte,
llevarte dentro
niña de los ojos de la luna.
Te llevo en el cielo de la boca
y en la ventana de este tren desvanecido
que va, sin rumbo ni libreta
y llega, corre y nace de madrugada.
Te adoro y no sé como gritarlo
escribirlo con las olas en las nubes
y que todo lo que exista sea tu nombre
y todo lo que nazca sea en tus ojos...
Te adoro distante
tenue, perpetua...
clara como la luna en los ojos del ausente.
Fría y perfecta
como la misma existencia
Cálida y hermosa
como un beso de Calypso.
Te adoro y me faltan letras
miles de letras para besarte.