jueves, 13 de diciembre de 2012

Ojos adentro


Este poema es la reja de un parque
(Es el afuera de un enorme respiro)

Aquí adentro,
Las rejas son lejanías,
(árboles deseando  salir corriendo)

Y los niños veloces, arremolinándose  
y raspándose
(locos por entrar y entrar de nuevo)

El Hueco de la Escalera

(Sube por el ascensor, no por las escaleras.
Codos fuera de la mesa)

Almorzar, con el sol a la espalda,
siempre al mediodía.

La boca es una herida profunda,
la más profunda
(la que traga a todas las demás)

Cucharadita a cucharadita,
ahondando y reabriendo la cicatriz.

Mamá,
cucharadita de arroz,
cucharadita de sopa,
ahondando,
con sangre
la herencia.


Bastón


Pocas monjas bajan al patio de recreo.
(todas son muy ancianas para tanta guerra)

La Madre Aurora reta las pelotas,
las persecuciones,
los soles de mediodía,
las campanadas a la hora.

(Su falda es jefa necesaria)

Roberto Villar patea duro,
gambetea y quiebra caderas,
le guiña un ojo al portero
Patea, explota.

Aurora hoy anda de bastón,
y todos los días baja al patio de recreo.

Afueras-Lejanias


No nombro el Amor,
No nombro Amor,
No nombro.

Amor dista, corre, mira
Pisa sobre ríos.

Amor socaba, cruza, inyecta herencias.
Amor no da la vuelta.

Amor 
torrente, 
tierra,
buscando el Jade.

Anti-Mala Fe


Quema, mi ruido.
Quema porque adentro soy sauce,
cicatrizando profundas cortezas
rellenas de café, brea y venas vacías.

Quema, la subida de un telón pesado,
liberando una necrópolis fea y desorientada.

Quema porque fingen los silencios,
porque hay mil mundos adelante,
más grandes que la sordera y el pequeño universo.

Quema, mi ruido,
el cruel apocalipsis del “más nunca”