domingo, 19 de mayo de 2013

La megapared.


Lo que pasa es que no estás.

Tu forja fue la casa grande para mis metales,
una casa de pisar duro, de encarar los huecos del alma y de la escalera.

Tu mano fue piedra angular,
fortín de las risas que terminaban en poema,
tú venciste en las guerras que hoy minan la parte blanda de mis ojos.

Tú que tenías una llave nublada para la alquimia y me la guardaste en el bolsillo,
 haciendo que el hermético oficio me diera la pista para dibujarme en los espejos.
Ahora sé que hay que apretar duro los abdominales y las sienes,
para que el agua no empañe los anteojos ni los vidrios del batiscafo.
Ahora hablo del oficio y del misterio como uno.

Eres un camino angosto, muy delgado para mis pies sin límites.
Te nombro, la que siempre supo contra cual pared destrozaría mi triciclo.
Agradezco las señales de alarma, pero nunca tuve callos suficientes en los huesos,
es hora de enmudecer y vendarse las muñecas,
 tarde como siempre
...“Meu tempo é quando”