jueves, 22 de noviembre de 2012

Oficio Pulmonar

Amar es cuestión de pulmones.

Hay que medir el aire que desprende los ladrillos del suelo,
y el profundo suspiro del obrero 
que ve su casa erguida cubriendo su espalda.

Mesurar el aire que libera la fanfarrea,
y las volteretas de brisa que despeinan al otoño.

Sentarse en una silla e inhalar el vértigo cuando se desplome.

Ensanchar el pecho profundo
para labrar la tierra que nos dio el esfuerzo.

Contener la honda exhalación
cuando suceda el mar
(y ella esté  ahí para ser parte de todo)
Las casas, los árboles, las playas
el mañana, el café y la poesía...
amar es cuestión de pulmones.




Ripio estomacal

Empatucado de verde el corazón, no sé a qué tarde llegaré como un camino, con la espalda quebrada por el polvo que se desentiende por el viento. A un pueblo de costa, cercano al mar y a su profunda lejanía, llegaré con pies cambiantes y vertiginosos; la arena acogerá mi palabra y la guardará en su seno, lamiéndola ola a ola para eternizar un nombre en la línea genial donde no alcanzan los ojos que miran hacia abajo. Seré punto al fin, un detalle que hacía falta, una delgada idea que está entre todas las cosas revueltas de los átomos y sus constelaciones. Una fibra con el hueso desnudo, que nombrará la tarde y la noche, y las palabras que faltan por decir. Esta cuestión de andar: un ladrido que pasa una página, un retorcijón de tripas que anuncia diarrea. 

sábado, 10 de noviembre de 2012

Hijo Arado

A Miyo Vestrini

Cuando nazca Ulises,
no lo llevaré a los parques
(como tampoco llevo a mis ojos al durazno)

Lo criaré soldado,
para las escamas en la espalda,
para los gargajos puntuales de los lunes.

Lo criaré soldado,
que aprenda a matar mosquitos desde pequeño,
que no le duelan las hojas que barre la señora de enfrente:
no Ulises, las hojas no mueren.

Lo criaré soldado,
sincero como una puñalada,
como una bala corazón de plata.

Lo criaré soldado,
que sepa decir gracias.
le diré como aguantar el hambre.

Cuando nazca Ulises,
le enseñaré a construir su casa.
No le mostraré cómo usar el ascensor,
hasta que sepa contar los mil escalones.

(Quien enseña regala zanjas)

Lo criaré soldado,
no para hacer la guerra:
Entenderá que lo heriré cuando nazca
y que me odiará por eso.

Para odiar hay que ser soldado
(como este poema)