sábado, 25 de abril de 2015

XIV

me queda una ración de hambre.
solo tengo lluvia y monte inextricable.

vengo peleando desde el sur,
con ampollas de cien kilómetros
y siete litros de pus y gasolina.

soy un número amputado por una coma decimal,
una fracción de piel,
de saliva,
de uña, de  fango y de grasa.

me podría llamar miedo,
pero el capitán escupiría mi cara,
o quizás un vietcong
me taladraría la luz con una bala
                                    lengua de plomo.

mi nombre es guerra
y soy una sola.
            nunca he entrado en la sala de los espejos
            ni he firmado papeles que digan la verdad.
nunca he sido de nadie
porque los amo a todos,
            y todos me desean
                        callados y calientes en sus sótanos.

mi nombre es guerra
            y nunca he cesado.
vengo del hombre y de la bestia,
soy una sola,
y me iré con el mundo.




XIII

todos los ríos del mundo mueren en caracas.

basta una sola muerte
fétida y marrón,
para que la palabra río no exista.

¿quién fermentó  el hondo surco

            (la vena vital de nuestra arcilla)?

XII

todos apestamos a espanto cuando llega la orden.
desbordar la tierra como una plaga de hambre.

la artillería,
los tenores de la muerte,
nuestro preludio.

saltar la trinchera.

el futuro es un alambre de púas,
serpientes adornadas con jirones de piel.
el futuro es una masa de nombres mudos
que se estrellan contra el olvido,
contra un diccionario que no los comprende.

venimos de la tierra, vamos al fango.
venimos de londres, peleamos en Somme.
venimos de un intestino caliente,

somos la guerra.

XI

hoy seré un hombre cloaca.
un paso fangoso,
una profunda y gaseosa digestión.

llevo un siglo de agua en los zapatos:
            soy un ruin anfibio
            un hombre topo de estiércol
            un ínfimo coloide de muerte
                        en este río que tarda.


X

una mujer delgada
se enfrenta a una ciudad            de plomo.
la rozan saetas de carne y palabras bestiales.
lodo y polvo y aceites y asfixia.

crece una negra soledad
en su nariz y en sus pulmones.

se impregna con el vaho que exhala
la vida huérfana y taquicárdica de la ciudad.

abre el baúl
y extrae la máscara de hierro y odio
(se vuelve el signo de la ciudad entera)

ella es muy delgada para el hambre,
para la noche.
                        levanta las manos
                        como dolorosas plumas de pavorreal ciego.

pide dinero para marihuana
pide azul para su tez de fango
pide tiempo, en este escondite

            que jugamos en su contra.

IX

todos los trenes ven al mismo dentista.
tienen la mordida caliente y chueca
            (lo que siente una bonita media de rombos
            cuando un pie de atleta la ensancha).

todos los trenes ven al mismo gastroenterólogo:
sufren de un duodeno terriblemente irritable
             y de un ano tímido y ruidoso.

todos los trenes de mi ciudad van al encuentro de la muerte.
cada tres minutos se llenan de ella,
como suicidas crónicos.

            pequeñas y multitudinarias pizcas de muerte. 

VIII (PCP)

yo creía en mí
hasta ver aquel documental sobre el polvo de los ángeles.
            después de eso,
            perdí todos mis rostros en las esquinas:
                        desnudo
                        alucinando
                        con las tripas afuera.
            un  dipper para salir a flotar y a morir
                        en la cloaca de mi mismo.
           
            un cigarro empapado de dulzura cósmica
            como aquel lejano beso de mi madre

            ( un maldito balazo de esperanza)

VII

calle perdida
            cloaca y puñal de luna.
la esquina ciega de esta ciudad,
            el hábitat de una guerra dientes de sable.

inmenso y profundo
            el gruñido de estómago y balazo.




VI

llevo un mensaje.
una orden roja para la trinchera norte.
llevo el oxígeno de esta vena de hierro,
vestido de caudal entre la muerte
para propagarla y hacerla más profunda.

nadie debe detenerme,
llevo un mensaje que abrirá un mordisco en una pierna,
el número irracional de la miseria
desbordando por una zanja infecciosa de la tierra.
yo llevo la guerra,
como un signo escarlata en un libro antiguo,
una cicatriz de hueso en el corazón de la historia.

un mensaje, una carta de amor,
“salten la trinchera”

hombres o bestias.

V

la guerra es una sola
     nunca ha dormido
solo se esconde dentro de un libro
            detrás de una idea vana     o del hambre.

luego explota en las vísceras
            (en el tuétano de los filósofos)
y florece como un río marrón

            que solo tarda. 

IV

nadie ha firmado nada en la sala de los espejos.

mi fusil pesa, como la vida que arrastro:
una herida a punto de infectarse,
la honda trinchera que habita mi angustia.

soy un hombre de barro,
una figura que se hincha de gas venenoso.
para mí la guerra no es una película envejecida:
yo soy la guerra,
yo soy la encrucijada entre el colmillo y el arpa.

para mí la muerte es un silbido.

III

todos los fémures
            son armas de guerra
          
los cementerios son enormes arsenales cavernícolas.

II

una delgada universitaria entra en el vagón.

sesenta kilos
se enfrentan a un coloso de diez mil rostros,
que se arrastra por el duodeno
de una ciudad filosa.

llueve el agua condensada
de un vapor vil y mercurioso.
llueve sobre la delgadez,
sobre la piel harta de tachones y remiendos.

llueve caracas sobre sus delgadas hijas,
            guerreras cansadas de andar la otra acera.
                        no hay un café
                        o un faro

                        donde esconderse.

I

empezaré por desprender el tiempo de estas líneas.

con las uñas negras, con las garras,
arrancaré el pasado y el futuro
de cada gota de miedo
que aquí esparza.

          nunca nadie pudo hablar de la guerra,
          conjugarla correctamente

uno aprende,
     después de morir en tantos otros,
     que el verbo callar
     es un perenne sustantivo.



el fémur

Los próximos 14 poemas que subiré, pertenecen a un conjunto al que llamé "el fémur". Pretende ser un poemario, pero todavía le falta mucho trabajo. Se los dejo aquí para que me den sus opiniones si gustan. 

Saludos,
Prudencio Domínguez