sábado, 25 de abril de 2015

X

una mujer delgada
se enfrenta a una ciudad            de plomo.
la rozan saetas de carne y palabras bestiales.
lodo y polvo y aceites y asfixia.

crece una negra soledad
en su nariz y en sus pulmones.

se impregna con el vaho que exhala
la vida huérfana y taquicárdica de la ciudad.

abre el baúl
y extrae la máscara de hierro y odio
(se vuelve el signo de la ciudad entera)

ella es muy delgada para el hambre,
para la noche.
                        levanta las manos
                        como dolorosas plumas de pavorreal ciego.

pide dinero para marihuana
pide azul para su tez de fango
pide tiempo, en este escondite

            que jugamos en su contra.

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