todos los trenes ven al mismo dentista.
tienen la mordida caliente y chueca
(lo
que siente una bonita media de rombos
cuando
un pie de atleta la ensancha).
todos los trenes ven al mismo gastroenterólogo:
sufren de un duodeno terriblemente irritable
y de un ano tímido y ruidoso.
todos los trenes de mi ciudad van al encuentro de la
muerte.
cada tres minutos se llenan de ella,
como suicidas crónicos.
pequeñas
y multitudinarias pizcas de muerte.
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