una delgada universitaria entra en el vagón.
sesenta kilos
se enfrentan a un coloso de diez mil rostros,
que se arrastra por el duodeno
de una ciudad filosa.
llueve el agua condensada
de un vapor vil y mercurioso.
llueve sobre la delgadez,
sobre la piel harta de tachones y remiendos.
llueve caracas sobre sus delgadas hijas,
guerreras
cansadas de andar la otra acera.
no hay un café
o
un faro
donde
esconderse.
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