sábado, 25 de abril de 2015

II

una delgada universitaria entra en el vagón.

sesenta kilos
se enfrentan a un coloso de diez mil rostros,
que se arrastra por el duodeno
de una ciudad filosa.

llueve el agua condensada
de un vapor vil y mercurioso.
llueve sobre la delgadez,
sobre la piel harta de tachones y remiendos.

llueve caracas sobre sus delgadas hijas,
            guerreras cansadas de andar la otra acera.
                        no hay un café
                        o un faro

                        donde esconderse.

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