nadie ha firmado nada en la sala de los espejos.
mi fusil pesa, como la vida que arrastro:
una herida a punto de infectarse,
la honda trinchera que habita mi angustia.
soy un hombre de barro,
una figura que se hincha de gas venenoso.
para mí la guerra no es una película envejecida:
yo soy la guerra,
yo soy la encrucijada entre el colmillo y el arpa.
para mí la muerte es un silbido.
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