domingo, 27 de mayo de 2012

Sin Nombre.

Antes de entrar
he de convertirme en Bestia.

  La casa se levanta encerrando la oscura taquicardia
  (se erige roja sobre el temblor
  y con su humedad asfixia
  los falsos cimientos).
 
  Esta es la casa rota, invadida:
  El hábitat del bicéfalo divino
  (toda gloria, toda maldad entre sus sombras).
 
  Sus pasillos albergan intacta la vida,
  aguardando la violencia
  para germinar el pan de la luz de los ojos.
 
  Es la casa que ama el martirio:
  lo envuelve con sus corredores
  de vapor y agua salada.
 
  Descansa la espalda ceniza
  a las puertas de este templo
  donde solo las fieras encienden sus cirios.
 
  El dos aguas nervioso, mezcla
  la tersa lluvia con el sudor del iracundo.
  Es esta la casa del hombre
  donde duermen su paz y su delirio,
  donde habita su nombre y su naufragio.
 
  Es la casa labrada en el derrumbe,
  en el sueño endemoniado,
  en el éxtasis del tormento.
 
  Morada de lienzos escarlatas,
  de Calipso y la musa Magdalena.
  Eres antes de la razón y del juicio,
  la rendición de las grandes cruzadas.
 
  Hogar sin límites del dolor ancestral de la vida.
  Cáliz y origen, donde no llega la muerte.

sábado, 12 de mayo de 2012

Siete Verdades de Guerra Vulgar

Yo sí :
1# Caducaré  cuando ocurra Andrea del Tormento;
      y todo lo que le regale no le quedará .

2# Hablaré  de arroz integral, cuando sea urgente compartir la poesía.

3#  Seré  cobarde . A tu barbárica invasión, le rendiré pleitesía un mes antes de que incendies mi fortín desierto y arrodillado.

4# Perderé  mi nombre, en algún rincón de tu madrugada.

5# Aceptaré , como buen culpable, el tomate de certeza que me rompa la nariz.

6# Vaciaré , energúmeno, el cajón de las medias y de las derrotas con rombos.

7# Renunciar é  a ti, pues aquí no hay cojones.

...y Qué?

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Hoy quería escribirlo como el estornudo y como el grito de las tripas. Hoy fue hace mucho tiempo, y eso he de recordarlo. Así, usaré  este derrumbe para buscar sangriento la verdadera palabra y  todas sus letras. Ya lo   dirán otros después de mí: el universo ha muerto y más vale que así sea. Pero por hoy, quiero escribir como si escribiera con la mismísima punta del lápiz (justo detrás y debajo de la gran malla del trapecista, que no quiso alcanzar el trapecio y completar la pirueta). Ahí es donde debo escribir (perdón la osadía)...

En esta velocidad me detengo. Reniego de mí  y de mi propósito. Poner la punta del lápiz justo en la división de la silla y el aire, es la astucia que ha de enlutarte por el resto del párrafo, hasta su inminente y no tan total punto final.

Pero hoy quiero jugar. Por hoy, elevaré  la espuma hasta el borde del inmenso vaso. Por hoy, Jueves, escribiré encima del vértigo.