Hoy quería escribirlo como el estornudo y como el grito de las tripas. Hoy fue hace mucho tiempo, y eso he de recordarlo. Así, usaré este derrumbe para buscar sangriento la verdadera palabra y todas sus letras. Ya lo dirán otros después de mí: el universo ha muerto y más vale que así sea. Pero por hoy, quiero escribir como si escribiera con la mismísima punta del lápiz (justo detrás y debajo de la gran malla del trapecista, que no quiso alcanzar el trapecio y completar la pirueta). Ahí es donde debo escribir (perdón la osadía)...
En esta velocidad me detengo. Reniego de mí y de mi propósito. Poner la punta del lápiz justo en la división de la silla y el aire, es la astucia que ha de enlutarte por el resto del párrafo, hasta su inminente y no tan total punto final.
Pero hoy quiero jugar. Por hoy, elevaré la espuma hasta el borde del inmenso vaso. Por hoy, Jueves, escribiré encima del vértigo.
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