Lo que pasa
es que no estás.
Tu forja
fue la casa grande para mis metales,
una casa de
pisar duro, de encarar los huecos del alma y de la escalera.
Tu mano fue
piedra angular,
fortín de
las risas que terminaban en poema,
tú venciste
en las guerras que hoy minan la parte blanda de mis ojos.
Tú que tenías
una llave nublada para la alquimia y me la guardaste en el bolsillo,
haciendo que el hermético oficio me diera la
pista para dibujarme en los espejos.
Ahora sé
que hay que apretar duro los abdominales y las sienes,
para que el
agua no empañe los anteojos ni los vidrios del batiscafo.
Ahora hablo
del oficio y del misterio como uno.
Eres un
camino angosto, muy delgado para mis pies sin límites.
Te nombro,
la que siempre supo contra cual pared destrozaría mi triciclo.
Agradezco
las señales de alarma, pero nunca tuve callos suficientes en los huesos,
es hora de
enmudecer y vendarse las muñecas,
tarde como siempre
...“Meu
tempo é quando”
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