A mitad de la noche,
eco de una garganta que ahoga un grito roto,
las paredes de la casa se derrumban a sombras.
El suelo se queda sin altura.
Martillos y claroscuros abren zanjas muertas
en la pintura
(y más adentro
quién sabe)
No cabe más sentimiento que uno ajeno,
y latigazos con furia
contra el rostro encalado de la pared.
Hay una palabra para esto...
No, falso.
Hay una reminiscencia de esto.
(Tal vez la mismísima incertidumbre
de no saber donde se enciende la luz de la alcoba)
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