Un lunes en pijamas de domingo, hablé con los tragicómicos restos de un par de zapatos amigos míos. Caminábamos, como siempre, a la estación más recontra lejana de todas las estaciones donde llega tren alguno. Ahí, como nunca, eras el único pañuelo que se agitaba, despidiendo al único tren que partía, del único anden que existía. Te di un Veso, y temblando, me monté junto conmigo y mis zapatos, hacia el único destino que tenía, y tiene, el último tren de la última estación.
No te quedaste, pues la soledad de las últimas estaciones siempre te aterró. Entraste al vagón que se desvanecía, y por eso deduje que me acompañarías hasta llegar a un Beso, a alguna heladería de turno o a algo: qué sé Yo de esas cosas?; pero te sentaste encima de todo lo demás, con tu mirada en Mi menor, un poco distraída ( pensé en Buñuel y en Dalí, sin navajas). Eras entonces de madrugada, eras boina de besos locos, eras una estación más con rieles de Zinc o algo más tonto. No hubo Heladerías, ni nada. Ni esculturas de Rodin, ni nada. Tampoco "Vive la liberté", ni un "me gustas cuando Nadas, porque estás como...."
Solo hubo un aguacero sin medio Techito; dos cotufas que sobraron de la función de las 5:45, un verso negro desde un alma negra (ojo, negro y negra sin mayúsculas), un nombre bárbaro con Ojas bárbaras (bárbaro y bárbaras debiesen existir en mayúsculas, pero respetaré el sino de esta noche), un "no sé qué" con busto de Venus sin voz. No me acuerdo más porque en ese instante te acercaste y dijiste algo sobre tres años de barro, y de que sí había una heladería cerca, pero que no se veía pues yo miraba hacia otra cosa que se me pareció a un cantante con la brutal voz de Marcel Marceau.... Eras entonces todo lo que me imaginaba, la luz de donde todo el universo la toma. Eras la linda linda linda del final del túnel en sepia y en claveles.
Así, caminamos "conosotros" hasta la heladería, donde todo estaba listo. Recuerdo sí, o más bien me imagino; que caminamos un par de veces de manos tomadas, pero que tu decías algo de llegar más tarde, o menos temprano para comer helado de nubecitas o de crema batida, eso no lo entendí muy bien porque un tipo de anteojos gruesos salió persiguiendo una teta enorme cruzando la calle. Tú reiste un poco cuando te lo expliqué, pero a mí me faltó el aire pues te Vesé un par de veces mientras reías. No pediré perdón más nunca por ello, pues llegué a la conclusión de que no hay otra manera de Vesar ni de Besar.
Tú pediste tiempo, yo pedí helado de sardinas con almendras tristes. Tomaste un poco de mí, yo hice lo mismo contigo. Tú pediste un verso de postre, yo no tenía como pagarlo; así que cerré los ojos y te dije que Eras... sobretodo Eras. No me creíste y tomaste el último tren de regreso. Cerré los ojos con otra navaja Andaluza....entonces me pediste el más enorme Veso.
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