sábado, 29 de mayo de 2010

Del Poder y del Hacer... ( Del amar también)

Pido perdón por haber abandonado el techo tanto tiempo, soy sincero si digo que los números han sido mi causa y mi efecto durante estos últimos meses. Sin embargo, me he tomado un tiempito para agarrarme de una musa y salir volando entre algunos versos que iré posteando poco a poco.

Ha pasado mucho (no sólo tiempo) desde que subí el último verso. He seguido en la vorágine de las calles caraqueñas, sobreviviendo gracias a Dios; como siempre (y como nunca) me he enamorado más de una vez, y más de una vez he terminado escribiendo a la madrugada para ver si se borraba ese guayabo crónico y dantesco al cual me he vuelto adicto. No sé si por musa o por idiota, pero ya me he encontrado nadando en la profundidad de unos ojos que lo último que harán será mirarme (mirarme como quiero que me miren obviamente).

Dejando a un lado “la cursi verborragia”, también debo contar que conocí la historia más triste de todas las historias, y que me reservaré para no redundar en la gran tragedia que se puede llegar a vivir de la mañana a la noche y de la noche a la mañana.

Quiero decir también, sin ánimos de armar un párrafo de agradecimientos estilo Hollywood en los Óscares, que mis amigas y amigos (aquellos que se merecen ser recordados porque me recuerdan) han sido mi columna vertebral estos últimos meses, sobre todo en las frías mañanas de Sartenejas (donde se ubica mi universidad), cuando un buen chiste salva la vida y las ganas. A ustedes mis gracias, mis cariños y mis versos.

Bueno, sin más que “gamelotear” aquí les dejo mi último poema… para aquellos que la sangre se les vuelve aire cuando están cerca de sus sueños hechos persona…


Puedo escribir la canción de tus ojos este día,
aunque sé que no me verán más nunca.
Puedo escribir el poema de tu rostro con la brisa
y escribir “te amo” allá donde el sol no brilla.

Puedo llegar a tu almohada en un suspiro
y besarte los pies y la vida aferrado a tu idea.
Eres cual estrella, cual fuego de cirio
tus ojos son Paris y las olas de Ipanema.

Puedo también regalarte mis manos,
mis manos cansadas de Pobre y Feliz.
Mis manos cruzadas rogando al destino
que existas de nuevo y brilles por mí.

¡Qué dicha, qué gloria poderte cantar
Y volar entre las calles para volverte a mirar!
¡Qué pena y que ruina no poderte hablar
cuando tu vida y mi vida se llegaron a cruzar!

Yo siempre pude…
a tu lado soy estatua de bronce
Oxidado.


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