No hay cielo cuando se es tan
bajito por dentro.
La mascarada, buen acto para las risas de las verbenas
aburridas.
Las manos, para los que saben jugar los juegos.
Oigo el mar,
pero ahí se quedará todo.
No tengo desnudez
para tanto aire encima del cielo.
Yo soy mi ciudad vacía,
la inhabitable,
la hueca,
el vértigo.
Y ahí,
donde ocurren mis brazos de muralla negra
de ahogo y más ahogo,
de desespero y nada:
tu inocente te fugas
como yo haría en tu lugar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario