martes, 16 de octubre de 2012

Jade


Recuerdo profundidad verde.

Empapaba un pedazo de arcilla enérgica,
luciendo hondas cicatrices historiadoras.

Había entonces manos groseras,
hechas de plástico fundido;
kilómetros de una espalda lacerada y tendida.

Había días, como dientes y navajas
nadando en profundas gelatinas indecisas
(eran días que se perseguían, se empujaban)

Era distancia en cuatro direcciones,
cuatro dimensiones agudas, cortantes.

                   ***

Respirar, después de todo, es un salto,
un equilibrio enardecido...

Ocurren manos nuevas,
de palma ancha y dorso satinado.
Son dedos que flotan en las aguas amarillas
y se hunden en arena sonora.

Luego se aprende a morder
la mineral solidez
(y del pecho delira una voz lejana,
inalcanzable)

Sucede el río...
Deseando el profundo corazón de Jade.


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