martes, 26 de enero de 2010

De los Manos Blancas y otros héroes

Sin darnos cuenta, casi por accidente, la realidad nos golpea con un puño de concreto armado, y nos da justo en el estómago. Es así como las llamas de una país que arde nos queman, y poco a poco van saliendo de la televisión, tal cual una película de horror. Hablo en nombre de mi generación ( si es que merezco el honor). Hemos sido tildados con muchos adjetivos pútridos desde hace algún tiempo, tanto de un lado de la “talanquera” como del otro. Si somos “hijos de papá y mamá” ¿Por qué combatimos nuestras propias batallas con el intelecto y con la pasión de los que sueñan? Si somos “cachorros del imperio” ¿por qué somos los que no retrocedemos, ni siquiera si el mismísimo infierno se enciende?, si somos el futuro ¿Por qué estamos en la primera línea de fuego?
La respuesta más sincera y veraz que se me ocurre, es que los jóvenes estamos hechos de esta tierra, estamos hechos de cada centímetro que lleva el glorioso nombre de Venezuela. Bate en nuestras almas el poderoso Orinoco y somos sabana sin sombra y sin miedo. Somos también el corazón de todos aquellos que vinieron, en tiempos de cólera y angustia, buscando el tan preciado Dorado Moderno de la paz y del progreso. Hoy sentimos que el invierno que nunca nos golpeó, nos azota con una furia indescriptible. Pero al igual que un majestuoso tepuy, nos plantamos en nuestra tierra, no para mancillarla, sino para protegerla de aquellos que osan autoproclamarse líderes del pueblo. Y no nos quedamos parados, seguimos caminando como río que busca ansioso el mar, arrasando con cualquier vacio que exista.
No hay otro tiempo que el que nos tocó vivir, y vivir no significa gritarle a una televisión; significa salir y ver qué es lo que en realidad pasa… se trata de ser el doctor de este país que está enfermo, enfermo de odio, hambre y desunión… significa, mis contemporáneos, que aquí nos entregan un país caducado, el cual hay que reconstruir con la gloria de ser jóvenes y con los sueños que hoy tenemos.
¡Qué retumben las calles!, ¡qué se estremezcan los coliseos!... ¡los Manos Blancas vienen, sin descanso, sin receso!.


Cántico calmo y rabioso
Del son de marcha de miles,
pasos que jamás aguardan
ni a los falsos ni a los viles.

Furor de gargantas secas
que claman en la avenida,
La gloria de un bravo pueblo
¡son los jóvenes libros la salida!

Las manos echadas al viento
Sin miedo, sin llanto
Los Manos Blancas ya vienen
Sin receso, sin descanso.

La cara cortada de sol
ladrido de perros y escopetas,
ninguno da un paso en falso
todos los pasos al frente.

Con las banderas las almas vuelan
almas de sueños despiertos,
almas de nuevos guardianes
que nuestra tierra liberan.

Una tierra que se envuelve en llamas
por la traición de unos pocos,
mañana renacerá en nosotros
¡manos al cielo mis Manos Blancas!

Canto de miles, canción de Dioses
lo juro por cada letra que mi alma impone,
¡Venezuela será libre!
Así lo dictan nuestros corazones.








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