viernes, 5 de noviembre de 2010

"Pobre y feliz en París Vs. La Melancolía: 1er Round"

Disculpen pues la euforia y la melancolía son buenas musas, pero pésimas tintas para escribir. Además, lamento los errores ortográficos de mi publicación pasada (de las demás y de las que vienen) pero las dejaré así para mantener algo de brutalidad y barbarie.


Divago un instante: la madrugada se me vino encima y no modero lo que pienso. Prometo que este será el último y el primero de estos desatinos ortográficamente errados, sentimentalmente brutales, infinitamente melancólicos. Casi es una súplica al olvido, casi es una súplica a mi conciencia... la hago pública porque no he aprendido a tragarme los clavos de mis propios desaciertos, la hago pública porque me corroe la piel este cariño que me desarma los huesos...Cómo quisiera apuñalar una nube para que lloviesen las lágrimas de mi desasosiego, matar a las hadas del recuerdo y quedarme solo en el espasmo negro de su aliento que me aniquila. Quiero botar en estas lineas toda las palabras de negras rosas que hoy cubren los prados de mis ganas. Quiero cerrar esta semana tan de naufragio con la más temible prosa; quiero izar mi bandera después de entonar este himno de desgracia. Liberé al cancerbero de mi necropolis y en este instante camina, sorda y errante, la grotesca tristeza hecha letra...mi propia letra, que me regalo la libertad del que delira en voz alta, pero que hoy me estrangula y me corrompe al rincón más aberrado de toda mi existencia. Cobarde melancolía que hoy me abraza: te expongo a la luz cual vampiro del desastre. Te reto a que me toques de nuevo: mis amigos me vitorearan, la vida se regodeara... cuando lleno de valor con mi ¨cota de malla contra la desdicha¨ y mi sable de versos de multitud, te apuñale a ti, dragón indómito que hoy me corrompe: Melancolía.

A ella, déjala en su cielo con su ternura de ninfa silenciosa: la más rara y exuberante de todas, pues cambió la tertulia y el desorden, por la sutileza de una sonrisa de solo un trazo de pincel. Déjale intacta su ternura que adoré, y sigo adorando, hasta que se me derrita la dignidad. A mi atácame con lo que quieras, fiel seguidora del desastre; pero a mi ¨Inés¨, ni la mires ni la roces. Yo soy el único que debe enfrentar tus azotes de llanto negro, de primavera mustia y eternos inviernos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario