Por idiota o por novato (o un poco de las dos) es posible caer en los abismos más abismales y en las guerras más perdidas que el hombre conoce. Sin embargo, y de dónde no se sabe, llega un respiro calmo (o más bien una tempestad), que nos borra de los ojos los celos color hormiga, y nos enseña que un beso es capaz de sanar hasta la más negra de las heridas. Con un latido de ritmo brusco, y una sonrisa de viernes por la tarde, les dejo este poema deseando que a alguien más le sea util, si es que se encuentra en la terrible malaria de los celos.
De donde no vienen nombres ni sonidos
nace el Barco Negro señor de la niebla,
con las velas enardecidas
y los cañones gritando muerte...
Brutal,
se ancla en mis ojos y en mi alma,
en mi puño y mi garganta...
Me llama al destierro,
a la nada....
Me llama a fundirme en vuelo absurdo
con los iracundos cardenales
de la locura,
del desastre,
de los celos...
Tú....
Del alba viniste ( o no sé de dónde)
girasol de Vesos
que naciste con la luna...
Como nunca,
despiadadamente hermosa,
inundaste de risa
la costa de mi anhelo
y a besos
fuiste fuego de viernes
en el lunes llorón de mis celos.
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