domingo, 6 de noviembre de 2011

"Ida y vuelta a Calabuch" o "Rimar cicatriz con carcajada"

(Errores por arreglar, teclado americano)

Recordar que lo fácil, difícilmente vale la pena. Y sin pena, intentar lo imposible... y  aprender de los sarampiones, para que el estornudo sea rápido e indoloro. Los llantos injusticieros son como los ''te extranho" postmortem (no sirven de nada). Caminante, estelas en la mar y un nubarrón de caricias y cosas hermosas, eso vale la pena guardar en el morral del recuerdo. No queda mas que desempolvar los viejos atavíos y las incomprendidas rutinas, y seguir, como marino que regresa, a las puertas luminosas de nuevos faros. La felicidad solo la hacemos eterna cuando, después del infaltable lagrimeo, podemos envolver con carcajadas el hermoso rabo de nube que nos queda amarrado al corazón. "La vida te la dan, pero no te la regalan", luchar en nombre de la bandera propia, entonar enardecido el himno que empieza y termina con el sino propio. Recolectar con las manos limpias el oro perfecto y brillante que adornara nuestra propia memoria, y quien sabe, la de quienes nos rodean. A mi modo, y  sin intentar caer en gamelotes, autorreproches, o demás lloriqueos con los que tengo adornado el Techito; visitar el ático del cielo con la companhia adecuada, es un privilegio dado solamente a quienes aprenden a ver y beber la vida fondo blanco. Lo difícil es balancear la humedad con la norma ( el camino con los suenhos). Al final, y mejor termino, antes de caer en alguna Cohelada; la cuestión no es olvidar, la cuestión es recordar hacia donde vamos y que necesitamos en el morral, para tocarle una teta a la vida.

Aquí me quito el sombrero ante las ninhas patricias. Que abunden los poetas para sus besos (en un tiempito, quien sabe si yo mismo me escabulla entre los besos con los que besas la vida).

Desde el irreparable techo en Paris:

Ludovico, Pobre y feliz en Paris.

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