(Errores por corregir, teclado americano)
Entré descalzo a la zona de desastre,
llevando a cuestas huesos y pieles
obtenidos de otros viajes,
viajes mejores y peores,
ya parte del recuerdo.
En mí, la debacle y el destierro;
la gran hazaña, la pirueta en el aire.
En mí, el tímido, el valiente, el cobarde.
En mí, la dieta de lentejas frías y sobras...la sonrisa / mueca.
En mí, la desesperante distancia, el sosiego mudo, la putona soledad.
En mí, corazón de león, Babieca, una montaña bella y eterna.
En mí, lo que sobra, lo que falta.
En mí, la única gran batalla, esa que hace llorar a los niños del alma.
... La garra, la caricia, las ganas de carne con alma,
la bilis negra del desayuno y de la cena,
el cristo que no quiso levantarse, el que no fue a la India,
el que decidió no saber y correr, el rey de los cobardes,
el desertor, el chiste llorón, el que nunca fue a ningún lado,
el que fue y volvió de Calabuch, mil muecas sin boca.
Del otro lado del desastre,
atravesando mi propia mitad,
me detuve y entendí.
En mí, la cabalgata de los Eorlingas.
En mí, lo grande, lo hermoso,
En mí, el Amor, el Azul,
En mí, la poesía y el relampago de la sangre,
En mí, el dragón y las nubes,
En mí, el arte y la razón,
En mí, mi vida, mi tiempo, mi cuando, mi bandera.
En mí, París, Roma,Venezia, Ipanema, Caracas.
En mí, la mosca y la madrugada.
En mí, la luz de donde el universo la toma.
En mí, las fuerzas para alzar mi propia estatua en la glorieta de mi vida.
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