El primogénito partió hace unas semanas
y el suelo agobiado
ya no aguanta la huida.
El sol ha jugado con su sobra
más de lo cotidiano
y toda ventana que se respete
ha de cerrar sus cortinas.
Se han desmayado para siempre
un tercio de un tercio de los vicios
y de los malos parpados.
Quedan el estrambote de la exhalación
y el verso bemol que le prometí a mi esposa.
La casa vieja ya no aguanta otro paso duro,
es la hora de la cumbia en el desierto
de Calabuch y luego irse
irse y correr
correr profundo
correr sangrante
correr
y pisar en París
un nuevo Techo.
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