Una vez más,
el chapulín colorado entra en la escena.
Armado con
el valeroso miedo de la lechuga, destroza la habitación y los proverbios
altisonantes con los que se decoran los señores de bigote.
Saca de la
lavadora el calzoncillo roto de Superman y las medias del barbudo Thor. Sin cortapisa,
o con muchos, cuelga en las narices enemigas el trapito de la astucia y del
valor fantástico de los hombres que temen.
Empuñando
su chipote chillón contra la injusticia, siempre dispuesto a acudir, cuando
Florinda Mesa está en peligro…
"¡Yo! ¡El Chapulín
Colorado! "
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