La cuestión,
tal vez, sea darle vida a la palabra.
Morir, debe
ser un sustantivo
(como
pijama)
Si se viste
todo de palabras,
y todo está
cumplido con el acento,
ya uno se murió.
Debe haber
un silencio de camiones,
de obreros
del papel,
de jocundos
elefantes,
de
caramelos de cianuro.
Pronunciar
con fuerza
las erres y
las pes
de Pisotón y Rock and Roll.
Uno se
muere si tapiza las nubes de adjetivos,
arrojados
cual pesados sacos de lentejas
desde una
ventana a la espera.
Tal vez hay
que lanzarse con todo y silla desde el piso siete…
Para andar
hay que decir Amen, en vez de Amén;
salir
corriendo, si un poema no sabe usar el martillo.
Tal vez hay
que morder todas las bocas que nos apuntan,
que cada
palabra duela y arda como una cúspide…
que el
dolor sea la más vívida reminiscencia,
que verbo
sin pulmón
es mierda.
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