Quiero vivir las palabras
y nombrar mi sombra.
Entrar en los teatros y en los cines
con la certeza y el espanto
del primer día de escuela.
Quiero abrir tantas puertas y ventanas;
ocurrir en las calles y paredes.
Ser el árbol del surco luminoso,
ser el aire suicida en los balcones.
Quiero suceder debajo de las faldas,
debajo del mundo
con la mugre y el colapso.
Ser lo oculto y lo sordo,
lo que queda del calor y del ruido.
Ser el otro,
malabarista del ojo cercenado.
Los dos primeros versos: un golpe precioso.
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