Hoy se levanta un hombre
a escribirle a su delirio:
"Era la corona del Parnaso.
La última luz de los ojos del Naufrago.
Era llorar la lágrima seca,
viendo al mar colgado al infinito.
Era verter el cuerpo
en el altar oscuro de la religión de su iris...
...
La vida pasando por pasar,
como las nubes eternas de polvo
que empujan y lastran a la espalda
rendida.
Era maravilloso,
como el ahogo del fondo del mar.
Pero hay truenos que erizan
las pieles secas,
como las que cubren
a la suerte y al olvido.
Es el trueno de su metal,
develando la estatua verdadera.
El sístole con nombre y piel
y carne
y mugre en los zapatos...
La muerte de Dios.
La salvación del hombre"
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