La ciudad ocurre afuera
lejos de las pantuflas.
La ciudad oscura,
ronca y crepitante
respira calores rojos y ajenos,
lejanos de las camas
y de los cepillos de dientes.
La acetona, el gasoil y el carbón,
se cuelan santos
por la cuenca lamentable de la ciudad.
Pero justo allí
emerge lo divino,
debajo de lo que está debajo,
en la mugre y en la angustia;
en los gatos amaestrados
por el latido que nadie cree
(Que solo existe para la noche)
La ciudad ocurre afuera,
mientras la almohada ahoga los adentros.
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