jueves, 5 de julio de 2012

Asfalto

La ciudad ocurre afuera
lejos de las pantuflas.

La ciudad oscura,
ronca y crepitante
respira calores rojos y ajenos,
lejanos de las camas
y de los cepillos de dientes.

La acetona, el gasoil y el carbón,
se cuelan santos
por la cuenca lamentable de la ciudad.

Pero justo allí
emerge lo divino,
debajo de lo que está debajo,
en la mugre y en la angustia;
en los gatos amaestrados
por el latido que nadie cree
(Que solo existe para la noche)

La ciudad ocurre afuera,
mientras la almohada ahoga los adentros.


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