miércoles, 11 de julio de 2012

Encuentro

Tenías en tu piel de Nada el gran símbolo de la noche y el día.
Colgaba de tu cuello el azar y la fe de los grandes guerreros.

En tu diestra el viento,
en tu ombligo el universo;
tu siniestra no existía.

Reinabas y habitabas la isla de los soles de los ciegos, gobernando sueños y musas desnudas.

Pero los días tienen alma de mar,
y empujaron a Ludovico a tu playa...

Cuentan los historiadores y los poetas, que de ese encuentro solo se escuchó:

         -Qué bella tu diadema de plastilina! ... Te ruego me convides a engañar la primavera.

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