Nunca me gustaron las novelas del 2.
Nunca entendí sus sandeces y sus besos sin ajonjolí.
Jamás ninguno de sus personajes de zinc
dijo algo sobre los ojos (por lo menos nada valioso)
Y es que si hubiesen entendido
aquel lenguaje místico y absoluto,
(que cabalga en silencio y ternura)
tanta habladera de gamelotes
no tendría el más mínimo sentido.
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