Me anclaste
una madrugada a los parpados.
Me dejaste,
con el perdón de los boleros,
muriendito
con las estrellas.
Me embebo
con tu palabra tan "Frida"
y tu letra
de pantalón;
y he de
confesarme pálido
ante tu
todo consumado.
Haciendo
alarde de artes
no muy
floridas,
te escribo
este verso a lo Sabino,
para extirpar
por fin
las
verrugas que mencionaste.
Tu opinión,
perdón reitero,
es el dardo
primero y más certero.
El único en
timbrar los estribos
y
enloquecer los ojos.
Moviendo la
cola, me despido;
Andrea tan
del alma leve:
Me aceptas
un café?
Barbará tan
del alma hermosa:
Me llamo
Luis,
perdón la
imprudencia.
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