Este es un poema de espalda.
Aprendió de pequeño a cargar piedras
de un río sin ritmo
que fluía cansado y ronco
imitando a las rocas que le daban nombre.
Supo, cuando joven,
lidiar con las grietas de sus manos
cansadas de cosechar lluvia derrotada.
Las ilusiones, línea a línea
recordaban su frente minera y marina.
Tronaban como el frío en las casas viejas
los huesos del libre poema,
hermano de un hermano desteñido,
padre de un hijo ausente,
soltero de sal y trincheras.
Tenía los dedos suficientes
para marcarlos en la arena
y contar,
del uno al diez,
las olas que borraban su idea.
Ya lo sabrán:
Este será un poema de espalda.
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