Entorno al fuego, no sólo la sangre
se calienta.
Caben el peso veloz y el temblor de
mil hogueras
en las pupilas de quien desdobla el
aliento,
y lo arroja al calor y al
ritmo.
Como los gitanos: el cariño, las
ganas y el ahogo.
Ceniza de garganta, guitarra sensual y
orgullosa,
polvo cansado y camino latiendo en llamas.
Parecen conspirar en el seno de las
brasas
los cosmogónicos delirios de
un Dios poeta.
Sabrá la tierra con quién habla la
gitana cuando duerme,
después de fundirse al bramido
escarlata de la hoguera.
Y danzan los gitanos enarbolando el
día;
dispuestas las almas para izar la noche:
fiel matrona de los animales.
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