viernes, 17 de agosto de 2012

Eta callí



Entorno al fuego, no sólo la sangre se calienta. 

Caben el peso veloz y el temblor de mil hogueras 
en las pupilas de quien desdobla el aliento, 
y lo arroja al calor y al ritmo. 

Como los gitanos: el cariño, las ganas y el ahogo.

Ceniza de garganta, guitarra sensual y orgullosa,
polvo cansado y camino latiendo en llamas.
Parecen conspirar en el seno de las brasas
los cosmogónicos delirios de un Dios poeta.

Sabrá la tierra con quién habla la gitana cuando duerme,
después de fundirse al bramido escarlata de la hoguera.

Y danzan los gitanos enarbolando el día;
dispuestas las almas para  izar la noche:
fiel matrona de los animales. 



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