jueves, 9 de agosto de 2012

Dormir en la trastienda de la cristalería...


Arremete el  vozarrón desafinado,
en la pipa llena de agua helada.
(Un ciempiés roto, persiguiéndose la cola
en el lavamanos del Pilatos de los pájaros).

Bala contra bala,
derrochando tanto calor
tanto ruido.
(Deformando la cara contra el silencio)

Sonreír de nuevo en la penumbra de la cristalería:

Ese sitio donde trabajan los necios como yo,
que ni metal ni delirio
ni vidrio límpido ni manos.

Solo la caída lenta y tonta en el hueco de la trastienda.
(Sí, vendrán mas ladrones a confundirme con uno de los suyos)

El nuevo poema de siempre.
(El sirio del santo bizco ...)

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